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miércoles, 4 de enero de 2012

MONTA, GESTACIÓN Y PARTO


LA MONTA, LA GESTACIÓN Y EL PARTO

Este artículo tiene como fin aportar la información básica necesaria a todos aquellos que tengáis pensado cruzar a vuestras perras, y vivir la experiencia de la gestación y el parto. Para empezar creo necesario que conozcáis algunas de las características del ciclo sexual de las hembras de le especie canina, lo que os facilitará llevar a buen puerto esta experiencia.


La raza tiene un importante efecto sobre el momento del primer estro (celo) en la perra. Por lo general, éstas, muestran su primer ciclo varios meses después de que alcanzan la talla y el peso corporal de un adulto, aunque existen salvedades.



Por ejemplo, la raza beagle puede tener su primer celo entre los siete y diez meses. Algunas razas grandes también podrán presentarlo antes del año de edad, aunque otras pueden no hacerlo hasta los 18-24 meses. Por tanto podemos decir que existe una amplia variabilidad individual y de razas, que unida a los ciclos denominados de celo silencioso, hacen que el veterinario y el propietario no puedan predecir el momento del primer celo.



A veces se ha sugerido que las perras que vagan libremente entran en su primer ciclo de estro en etapas más tempranas de la vida que las que se encuentran en criaderos o en ambientes caseros. Aún así, los veterinarios no entraremos a valorar en la clínica a una perra por falta de ciclos ováricos hasta que tiene al menos dos años de edad, es decir, que no nos plantearemos que existe una patología de la reproducción hasta que haya transcurrido ese tiempo.



Por lo general se cree que las perras entran en celo dos veces al año, durante la primavera y de nuevo en el otoño. Sin embargo, la realidad es que experimentan ciclos ováricos todo el año. Por tanto podemos decir que las perras pueden reproducirse y parir todos los meses del año, aunque suele tener máximos sutiles a finales del invierno, y principios de la primavera, además de los meses de otoño.



Podemos decir que por termino medio el proestro (corto periodo que preceda al celo) se produce cada 6-7 meses, De este modo, al conservar esta periodicidad, empieza un ciclo ovárico al menos una vez en cada mes del año durante la vida del animal. Hay una tendencia a cierta variación. El intervalo entre celos (interestros) es de cinco a once meses aproximadamente. Sin embargo, los intervalos de interestro menores de 4 meses no suelen relacionarse con esterilidad, y los mayores de 12 meses pueden vincularse con fecundidad subóptima o esterilidad. La raza y la variabilidad individual pueden ser importantes. Las perras de raza pastor alemán, por ejemplo, puede mostrar ciclos cada 4 o 5 meses y conservar la fecundidad. En contraposición, las perra de razas basenji muestran un ciclo al año.



A medida que las perras se van haciendo más mayores, y sobrepasan la edad óptima de reproducción (alrededor de los siete años), se prolongan los periodos entre celos, se reducen el tamaño de las camadas, se incrementan los defectos congénitos y los problemas en el momento del parto. Las perras que se encuentran en perfecto estado de salud, suelen experimentar ciclos ováricos durante toda la vida, por lo que a la pregunta que me hacen algunos clientes sobre la menopausia de sus perras siempre digo lo mismo: no la tienen.

Tampoco es acertado el término de que la perra tiene la regla, ya que su sangrado vaginal nada tiene que ver con ese momento del ciclo de la mujer.



Las 4 fases del ciclo en las perras son: proestro, estro, diestro, y anestro.

El proestro es el periodo que precede al celo, y se inicia cuando se observa una hemorragia transvaginal y termina cuando la perra permite al perro que la monte y ocurre el apareamiento. Existen otros criterios para describir el inicio del proestro, entre ellos, el agrandamiento de la vulva, atracción a los machos, y cambios de conducta de la hembra hacia ellos. Por lo general, desde el inicio del proestro hasta el momento del primer apareamiento transcurren entre 6 y once días, con un promedio de nueve. Existen variaciones extremas que van de tres a veinticinco días.



El estro es el periodo durante el cual la hembra permite al macho que la monte y ocurra el apareamiento. La palabra estro deriva de la palabra griega oistros, que significa deseo vehemente. Esta fase termina cuando la perra no acepta al macho.

Por lo general este periodo dura entre cinco y nueve días. A semejanza del proestro su duración en perras normales puede variar enormemente de uno o dos días hasta 18 o 20.



El diestro es el periodo que sigue al apareamiento. En esta fase la perra rehusa aparearse y está “preñada desde el punto de vista fisiológico”.



El anestro se ha descrito tradicionalmente como un periodo de reposo en el ciclo sexual.



Independientemente de la identificación de cada periodo por los síntomas descritos, también son perfectamente identificables mediante técnicas de citología vaginal.



Dado que estamos hablando de la gestación y parto, lo que más nos interesa de lo descrito hasta ahora, es el estro, es decir, el momento en que se producirá la cópula. El comportamiento de la hembra implica que éstas se agachen y eleven el perineo hacia el macho. Cualquier presión ejercida en la porción inferior de su dorso o cerca de éste hace que levanten la cola hacia un lado y tensen las patas traseras para soportar el peso del perro que las va a montar. La perra puede atraer a los machos desde de largas distancias debido a la presencia de potentes feromonas. La vulva ha avanzado hacia la fase de turgencia y se vuelve suave y flácida, por lo que ya no es una barrera difícil para la penetración. La secreción vaginal suele ser de color pardo rojizo, y evidentemente algo hemorrágica.



La perra en celo puede permanecer pasiva y aceptar a un macho o buscarlo de manera activa para despertar su interés. Se ha creído que la perra copula sólo con un macho dominante y repele a los sumisos en caso de que sean varios los que la cortejen.. Este es un buen motivo para recomendar que se traslade a la hembra a la casa del semental, donde es más probable que esté se encuentre más a gusto. La hembra ubicada en el territorio del macho tiene más probabilidades de ser sumisa y receptiva.



La mayor parte de los machos mostrarán conductas agresivas en los momentos previos a la monta, que forzarán respuestas positivas o negativas en la hembra. El cortejo incluirá olfateo de la nariz, oídos, cuello, flanco y región vulvar de la perra, mientras ésta hace lo mismo con el macho. El lamer la región vulvar, perseguirse, luchar y orinar inducen acciones de naturaleza similar por parte de la hembra en proestro. Cuando esto sucede, los avances adicionales del macho, como ponerse de pie junto a ella o colocar su pata o cabeza sobre su dorso, hacen que la perra se siente, se agache, gruña, muerda o de vueltas.



En respuesta al aumento de la concentración de estrógenos, la perra a menudo se muestra inquieta o nerviosa, con aumento o disminución del apetito, ingestión de líquidos o micción más frecuente.



La monta consiste en la sujección del macho a los flancos de la hembra, con sus patas delanteras por delante de las articulaciones de la cadera. La penetración parece lograrse por pruebas de intento y error de impulso pélvico del pene contra la abertura vaginal.

La penetración se logra sin que el macho tenga erección porque el hueso del pene le da rigidez. En el apareamiento normal ocurre la penetración, luego se inicia la erección y se observan movimientos hacia atrás de las patas traseras del macho. El impulso pélvico se hace más intenso y ocurre la eyaculación del líquido prostático sin espermatozoides en los 15 a 60 segundos iniciales de la penetración. Después, el macho se bajará, se girará, y quedará ubicado cola con cola con respecto a la hembra. De este modo, el perro y la perra quedan enlazados o anudados, pudiendo estar así entre 5 y 60 minutos. Durante los primeros 5 minutos es cuando el macho eyacula semen rico en espermatozoides, siendo el resto, como el de los primeros momentos, es decir líquido prostático.



Lo recomendable para que todo vaya bien, es que en el día 4 o 5 del proestro la perra y el perro entren en contacto durante alrededor de 10 o 20 minutos y repetirlo a diario. Una vez que la perra es receptiva, se permitirá que el perro la monte cuantas veces la hembra desee, aunque todo dependerá de si queremos camadas numerosas o no. Es lógico pensar que a menor número de cópulas, menor será el número de cachorros, aunque éste no es un parámetro demasiado exacto, ya que dependerá mucho del momento de la ovulación. Lo más recomendable, sería dejar pasar un día entre cubrición y cubrición. Ya he comentado que la perra estará receptiva entre 7 y 9 días.



Existen maneras de buscar el momento óptimo de la monta, independientemente del comportamiento de la hembra como son la vaginoscopia, la nombrada citología, y las determinaciones en sangre de la hormona luteinizante (LH).



Si la monta natural no es posible, por el tamaño dispar de los perros, por alguna alteración que impida al macho subirse o sostenerse sobre la perra, o porque ésta no es receptiva, queda la posibilidad de la inseminación artificial que por cuestiones de espacio no tiene cabida en este artículo.



Debo recalcar que los machos o hembras potencialmente infecundos, no lo son en realidad, y que esos problemas de infecundidad tienen relación con una comprensión errónea de la atención inadecuada del apareamiento por parte de los propietarios. Quiero decir que en muchas ocasiones, la hembra es presentada al macho antes de que este receptiva, o demasiado tarde.



En cuanto al embarazo, en general, cuanto mayor sea la talla de la perra (sin incluir el tejido adiposo) mayor será el número promedio de cachorros. Los animales pequeños suelen tener camadas de uno a cuatro cachorros, en tanto que los más grandes llegan a promediar ocho, 10 e inclusive 12. No hay duda de que el estado nutricional de la perra, la presencia de transtornos endocrinos concomitantes y la exposición a diversos productos farmacéuticos son variables adicionales que van a condicionar el tamaño de la camada.



Las cifras máximas se correlaccionan con apareamientos exitosos desde dos días antes y hasta cinco días después de la concentración máxima de LH.



La implantación de los embriones en el endometrio del útero se va a producir 17 a 21 días después de la fecundación de los ovocitos por los espermatozoides. Los fetos parecen distribuirse de manera equivalente en ambos cuernos uterinos sin importar el ovario de origen del ovocito que será fecundado dando lugar al ovulo.



El embarazo va a provocar un aumento de peso en la perra de entre un 20 a un 50%, con un promedio del 36%, siendo más notorio en la segunda mitad del mismo.



Además, la perra va a presentar un leve aumento de glóbulos blancos, y un descenso del hematocrito sobre el dia 35 de gestación, que obedece a una anemia por aumento del volumen plasmático que diluye la concentración de glóbulos rojos. Las perras preñadas también pueden presentar aumentos de colesterol y de proteinas totales. Los factores de coagulación tendrán una mayor actividad.



La prolactina va a aumentar hasta 10 veces en la segunda mitad de la gestación, y la progesterona disminuirá de forma aguda momentos antes del parto. Después del parto, la prolactina va a disminuir durante uno o dos días, para volver a elevarse como respuesta al amamantamiento de los cachorros.



La variación del momento de la ovulación, las fechas de apareamientos mútiples, y la duración inconstante del celo dificultan la identificación de la fecha exacta del parto. Los 63 a 65 días tradicionales desde el momento del primer apareamiento no constituyen una fórmula perfecta. Es más correcto, aunque poco exacto, decir que se producirá entre 56 y 66 días después del primer apareamiento.



Si realizamos citologías vaginales seriadas, podemos decir que el parto se producirá 56 a 58 días después del primer día del diestro, pero es poco práctico y resultará caro. Además, después del día 42-45 de gestación se pueden visualizar y contar los fetos mediante una radiografía lo que nos puede servir de gran ayuda. Los integrantes de camadas grandes tienden a presentar edades gestacionales menores (55 a 57 días), en tanto que las perras con sólo uno o dos cachorros tienden a una mayor edad de la gestación (58-60 días).



Y llega el momento de saber si la perra está o no preñada, es decir, del diagnóstico de gestación. La palpación del abdomen es fácil, económica y confiable para detectar el embarazo. Entre los días 20 y 30 de gestación (o 20 a 30 días después del primer apareamiento) suelen palparse las tumefacciones uterinas de los sitios placentarios. En una perra de unos 20 kilos esas tumefacciones medirán aproxidamente 5 cm en el día 28 a 30 de gestación. Para el día 35, la palpación es más complicada, ya que los cuernos uterinos se colocan en una posición más ventral y más cerca de la caja torácica. Radiológicamente en el día 21 después del apareamiento se pueden ver los cuernos del útero crecidos y llenos de líquido, y 20 a 21 días antes del parto se podrán visualizar los esqueletos de los futuros cachorros. Las placas realizadas pocos días antes del parto también nos podrán servir de orientación para predecir partos que pueden resultar complicados (distócicos).

En los últimos tiempos, y gracias a la implantación de tecnologías en nuestras clínicas, somos muchos los que contamos con ecógrafos, lo que nos facilita enormemente los diagnósticos de gestación. Entre los 16 y 20 días de gestación seremos capaces de ver las vesículas fetales, y en el día 25 la funcionalidad del corazón del feto, y los movimientos de los futuros cachorros entre los días 34 y 36. Existen también aparatos relativamente baratos capaces de hacer audibles los sonidos del corazón a los 25 días de gestación.



No disponemos de análisis sistématicos en sangre u orina para el diagnóstico del embarazo en las perras. Sin embargo, la determinación de una hormona que recibe el nombre de relaxina ofrece el potencial de constituirse como un indicador fiable de la gestación. Esta hormona aumenta durante la segunda mitad de la preñez, y no se puede detectar en perras con seudoembarazo.



En cuanto a los cuidados de la perra gestante, creo importante recordaros que la administración de cualquier tipo de fármaco a una perra con sospecha o diagnóstico confirmado de embarazo siempre se vincula con cierto riesgo. Algunos pueden producir abortos, malformaciones o síntomas indeseables. Aún así, es evidente que algunos medicamentos si que pueden, y en ocasiones deberán ser usados, pero será vuestro veterinario el que lo determine.



En cuanto a la nutrición de una perra preñada, debo hacer una serie de puntualizaciones. La dieta de una perra que está en la primera mitad de la gestación debe consistir en un buen alimento de los llamados de mantenimiento, y durante el primer mes, las cantidades deberán ser las mismas que recibía normalmente. Se debe comenzar a ofrecer cantidades crecientes de alimento durante la quinta y sucesivas semanas de gestación. Un aumento inicial del alimento entre un 20-25%, que puede llegar al 50% en la octava, novena, y tres primeras semanas post parto, es lo ideal. Yo soy partidario de cambiar a partir del día 30 de embarazo a una comida de las formuladas para cachorros, o a las específicas para perras preñadas que tienen un más alto valor energético y mayores porcentajes de proteínas y minerales. También es conveniente aumentar al número de comidas ofrecidas, es decir, que la perra coma más veces. La razón es obvia: según avanza la gestación, el estómago se encontrará más presionado y por tanto el volumen de comida que podrá contener será menor.



¡Queda terminante prohibido el uso de suplementos de calcio, y de vitamina D, ya que se ha comprobado que predisponen a los cachorros a dilatación gástrica y vólvulos, y además altera la absorción de otros minerales!. Los únicos suplementos que podrían indicarse serían los de vitaminas del grupo B, pero dado que me he referido anteriormente a que las perras preñadas deben recibir alimentos de alta calidad, es innecesario el uso de cualquier aditivo que no vaya incluido en el pienso.



Es sumamente recomendable llevar al veterinario a la perra cuando lleve 35-40 días de gestación. De esta forma, además de realizar una inspección exhaustiva de la misma, hablaremos de la nutrición, de la desparasitación, y del parto y sus posibles complicaciones.

Por ejemplo es muy importante proceder a la desparasitación de la futura madre el día 40 de gestación, y 14 días después del mismo, con un buen producto que actúe contra el Ancylostoma caninum y el Toxacara canis. Esto muy útil para reducir las parasitaciones prenatales y lactogénicas en cachorros. En las zonas en que se de la dirofilariosis, sería interesante hacer la prueba para su diagnóstico en el proestro, aunque también se puede hacer durante el embarazo. No debemos olvidar que las microfilarias pueden atravesar la placenta y afectar al feto.



Es sumamente importante que sepáis, que en el calostro, la madre aporte a sus hijos las defensas necesarias contra las enfermedades víricas que les puedan afectar, como son el moquillo, la hepatitis, y la parvovirosis, por lo que es indispensable que, si tenéis pensado cruzar a vuestra perra, la vacunéis en una época lo más cercana posible a la cubrición. Existen vacunas muertas que se podrían aplicar durante la gestación, pero yo no las recomiendo. Además, existe una vacuna contra el herpesvirus que podría ser aplicada en criaderos.

Con un correcto programa de vacunación de madres, ningún cachorro debería ser inmunizado, es decir vacunado, antes de cumplir los 50 días de vida. Desgraciadamente nos encontramos con demasiada frecuencia perros vacunados antes de cumplir esa edad, lo que provoca la anulación de las defensas que les ha transmitido la madre en los primeros días de lactación.



En cuanto al ejercicio, sacar a caminar a la perra a diario durante la gestación es muy beneficioso. Las perras acostumbradas a correr, lo deberán seguir haciendo durante las cuatro a seis semanas iniciales de la gestación. Cuando la misma está avanzada el ejercicio debe moderarse y evitar saltos o movimientos violentos.



En cuanto al peso, lo ideal es que la perra inmediatamente después del parto tenga un 10-15% más del que tenía antes de quedarse gestante.



Y llega el momento del parto. Proveer a la perra de un espacio para el mismo, y el amamantamiento de los cachorros puede eliminar los problemas de que ésta escoja una localización no adecuada. La paridera debe estár lista siete a 14 días antes del alumbramiento para darle la oportunidad de sentirse cómoda con su nuevo ambiente. Debe colocarse en un lugar relativamente familiar para la perra y que brinde cierto grado de intimidad. Debe ser lo suficientemente grande para que la madre pueda estirarse y cuente con espacio para los cachorros, y en los primeros días, el suelo, debe ser lo suficientemente duro para que si la perra aplasta a alguno de los cachorros se de cuenta rapidamente de ello. Es conveniente además que no tenga ángulos rectos para evitar arrinconar a alguno de los cachorros.

Por los lados, deberá ser lo suficientemente alto para evitar que los perritos de 4-6 semanas no salten fuera de ella, pero si permitir que la madre pueda salir cuando lo estime oportuno. La temperatura ideal será de 24 grados, que podrá obtenerse con focos de luz de bajo voltaje.

Diez a 14 horas antes del parto la temperatura rectal de la perra desciende al menos entre 37,7 y 37,2.



La etapa I del parto se inicia con el principio de las contracciones uterinas y culmina cuando el cuello del útero está diltatado por completo. La duración promedio de esta etapa del parto es de 6 a 12 horas, pero puede alcanzar las 24. Durante esta fase, la perra estará inquieta, nerviosa, y no suele comer, y se la puede ver estremecerse, jadear, vomitar, masticar, rascar el piso, o dar paseos. La mayoría de ellas buscan la soledad, y muestran el deseo de hacer un nido (escarban o rasgan material) durante o cerca del término de esta fase del trabajo de parto.



Las etapa II se inicia con la dilatación completa del cuello del útero y concluye con la expulsión completa del feto; la etapa III se inicia después de la expulsión del feto y termina con la de la placenta. Las perras que tienen más de un cachorro alternan las etapas II y III, cuya duración es muy variable. La madre puede tardar en expulsar a la totalidad de los cachorros entre 24 y 36 horas. Las contracciones suelen ser visibles, y la perra se tumbará de lado o permanecerá en cuclillas. Con la expulsión de cada cachorro, la membrana corioalantoidea se rompe o la perra la desgarra mordiéndola o lamiéndola para retirarla. Las membranas amnióticas que tiene el cachorro al nacer también deben ser retiradas por la perra.



El tiempo entre el inicio de la etapa II del trabajo de parto y el nacimiento del primer cachorro es variable. Por lo general no suele durar más de 10 a 30 minutos. Un esfuerzo activo durante más de 1 hora debe causar preocupación, y en tal caso, deberá consultarse a un veterinario. El tiempo que transcurre entre el nacimiento de los cachorros es también muy variable. No es raro que una perra tenga varios cachorros y que repose durante un periodo antes de reiniciar el proceso de parto. En estas circunstancias, un retraso mayor de 4 a 6 horas causa preocupación.



Una perra alterada, atemorizada o nerviosa puede interrumpir el parto, por lo que es sumamente importante que en esos momentos se encuentre rodeada exclusivamente por las personas con las convive habitualmente, y en un lugar en el que se encuentre segura. Si no es así, veremos que la madre traslada a los cachorros de un lugar a otro, y en situaciones límite, podrá llegar a abandonarlos e incluso a matarlos.



La placenta suele expulsarse 5 a 15 minutos después del nacimiento del cachorro, aunque en ocasiones una o dos placentas pueden seguir al nacimiento de dos cachorros que no las tenían.

El orden de nacimiento suele alternarse entre los cuernos uterinos. Casi en el 40% de los casos los cachorros nacen en presentación pélvica (“de culo”), que no es anormal, ni predispone a distocia en la perra.

Las madres suelen comer las placentas, y aunque en su momento se pensó que lo hacían porque favorecía las contracciones uterinas, hoy en día sabemos que no tiene ningún beneficio para el animal, e incluso en ocasiones puede provocar vómitos, por lo que si estimáis recogerlas y tirarlas, tampoco pasará nada.



La perra debe lamer al recien nacido vigorosamente para retirar todas las membranas de su cara, y promover la respiración. Si esto no ocurre en 1-3 minutos, se debe intervenir limpiándolo con un trapo seco.

Si se aprecia que hay muchos líquidos en la boca, será necesario extraerlos, siendo en ocasiones muy útil el uso de una perilla. Si el cachorro no respira adecuadamente, se le podrá estimular estirando suavemente de la punta de la lengua hacia nosotros, y si vemos que no respiran, un leve masaje torácico podrá salvar su vida.



La perra corta el cordón umbilical con sus dientes. Una vez más, si no lo hace, podéis usar un cordel fino (hilo de coser) y hacer dos nudos en el mismo, colocando el primero a 2,5 cm de la pared abdominal, y el segundo a 0.5 cm más distal. Con unas tijeras limpias se corta entre ambos nudos.



No es de extrañar que algunas perras amamanten a sus cachorros entre parto y parto, especialmente si el número de ellos es elevado.



Después del alumbramiento, el útero tiene un periodo de reparación. Una vez que ésta concluye, la matriz recupera su condición de anestro, y estará preparado para entrar en diestro. La mayor parte de la involución ocurre entre las 4 y 6 semanas posteriores al parto. Durante este tiempo podréis observar una descarga vaginal inodora, verde, roja oscura, o marrón u obviamente sanguinolenta que recibe el nombre de “loquios”.



Si la perra muestra un comportamiento normal durante este periodo no habrá de que preocuparse, pero si se muestra anoréxica en exceso pasadas las primeras 24 horas después de haber parido a todos los cachorros, y febril, podrá estar sufriendo una infección uterina que necesitará de la rápida intervención de un veterinario.



Tan sólo una puntualización para terminar el artículo: ninguna perra necesita parir a lo largo de su vida. Es falso que el ser madre sea beneficioso para su salud. Cada año se abandonan en España miles de perros que acabarán atropellados, vagando por nuestras ciudades y pueblos sin nadie que les haga caso. Los que tengan más suerte, acabarán acogidos en alguna protectora o albergue en espera de ser adoptados. Si tienes una perra y has decidido cruzarla, se consciente de lo que haces, y lo más importante, ten un hogar pensado para sus hijos antes de hacerlo. Ellos o ellas te lo agradecerán.

Artículo publicado en la revista El Mundo del Perro.

José Enrique Zaldívar

Clínica Veterinaria Colores.

Pso de Santa María de la Cabeza 68 A

Madrid 28045.

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