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miércoles, 4 de enero de 2012

LLEGA EL INVIERNO


Con la llegada de la estación invernal va a ser más frecuente la aparición de algunas enfermedades en vuestros perros que podemos relacionar con las bajas temperaturas. Debemos entender que la temperatura corporal de nuestras mascotas (38.5-39.0º) es mucho más alta que la nuestra y que ellas no pueden ponerse o quitarse la ropa en función de las temperaturas del medio en que viven: hogar y ambientes exteriores, por lo que sus cuerpos van a sentir de forma importante los bruscos cambios de térmicos que se producen, especialmente en invierno. Es evidente, por tanto, que los perros más expuestos a estos cambios van a ser de los pelo corto y medio, y los menos, los de pelo largo y tupido. Todos sabemos que existen razas que soportan mucho mejor el frio que otras.
Las amigdalitis, faringitis y laringitis, aunque es raro que se presenten como procesos primarios, podemos decir que son más frecuentes en invierno que el resto de las estaciones del año.
Los signos clínicos no son específicos de las amígdalas ni de la faringe, pero confirman una enfermedad oro-faríngea. Los perros afectados presentarán inapetencia o anorexia, sialorrea y dolor oral. La fiebre es frecuente cuando participan microorganismos infecciosos. La amigdalitis aguda revelará en la exploración oral unas amígdalas muy enrojecidas y a veces aumentadas de tamaño. Ocasionalmente, las amígdalas y la faringe podrán presentar pequeños puntos hemorrágicos y pequeños abscesos. Las infecciones de las vías respiratorias altas son las causas más frecuentes de estas enfermedades.
La inflamación aguda de la laringe es frecuente en el perro, siendo su causa más frecuente una infección microbiana, como la traqueobronquitis infecciosa canina (TIC), denominada comúnmente tos de las perreras, que es más frecuente en invierno. La TIC es el resultado de una infección mixta por Bordetella bronquiseptica y los adenovirus de la parainfluenza canina. En la mayoría de los casos, el único signo que vamos a observar es una tos paroxística en el perro. Debido a la inflamación de la laringe, la tos tiene un tono alto y fuerte, como el graznido de un ganso. A veces, habrá fiebre, letargo e inapetencia. Esta enfermedad suele tener una curación espontánea, pero la intensidad de la tos, en combinación con la posibilidad de una complicación por neumonía, justifica su tratamiento: antibióticos, antiinflamatorios y antitusígenos. En caso de que el proceso afecte a las vías respiratorias bajas como bronquios y pulmones, el tratamiento deberá ser mucho más “agresivo”.
Es importante que sepáis que la revacunación anual con productos que contienen los agentes causals de la tos de las perreras, evitará en gran medida que vuestros perros la sufran. Se trata de una patología muy contagiosa, por lo que es recomendable que si vuestro perro la padece, no entre en contacto con otros perros durante por lo menos una semana o diez días.
La traqueítis es otra de las enfermedades que nos solemos encontrar con frecuencia en los meses fríos del año, especialmente las tienen una causa infecciosa. El síntoma característico es una tos resonante, discordante, paroxística y, a menudo, termina con náuseas secas o ligeramente productivas. Es muy típico que la palpación firme de la tráquea provoque la tos. Si hacemos una radiografía de la misma es probable que veamos un edema de la mucosa traqueal que puede provocar una reducción del diámetro de la luz.  Esta tos traqueal se trata a menudo con antitusígenos, broncodilatadores y expectorantes, y en ocasiones con corticoesteroides. Si la tos se hace excesivamente molesta y se alarga en el tiempo, es probable que necesitemos utilizar nebulizadores que ayudarán a ablandar el moco acumulado en la tráquea. Si no es posible realizarlas, puede resultar útil dejar al perro en el cuarto de baño lleno de vapor procedente de una ducha de agua caliente durante 15-20 minutos dos o tres veces al día.
Una de las enfermedades más graves que pueden afectar al cachorro, el moquillo canino, es también más frecuente en invierno. Todos habéis oído hablar de él, y aunque afortunadamente cada día es menos frecuente, es indispensable que vuestros perros reciban una inmunización adecuada con un programa vacunal realizado por veterinarios. A este respecto me gustaría dejar constancia de los numerosos casos (cada día más) que nos encontramos en las clínicas de perros mal vacunados. No se debe olvidar revacunar a los perros adultos contra el moquillo con la frecuencia que vuestro veterinario determine.
Un hecho importante que debéis conocer los que vivís en el campo y especialmente aquellos que habitan en zonas con inviernos crudos, es el de la congelación, y más concretamente la congelación de las orejas y cola, que están cubiertos por poco pelo, están menos vascularizados o sufrieron alguna agresión previa por frío. Las puntas de las orejas se van a presentar pálidas, cianóticas, insensibles y frías al tacto después su exposición a bajas temperaturas. Con el calentamiento los tejidos se vuelven hiperémicos y presentan escamas, costras y alopecia. La punta de las orejas puede doblarse, necrosarse, y finalmente caerse. El tratamiento inicial consiste en calentarlas con agua templada y posteriormente instaurar un tratamiento sintomático contra la dermatitis descamativa y costrosa. En ocasiones será necesario el uso de analgésicos y antibióticos. Nunca se deben aplicar vendajes compresivos. La amputación del tejido muerto mejora la estética y disminuye el riesgo de congelación recidivante, que es más probable en un tejido previamente congelado, pero no es conveniente precipitarse en realizarla ya que muchos tejidos que no parecen viables en una primera exploración se recuperan.
La hipotermia es el enfriamiento de todo el cuerpo debido a una exposición, que ocasiona una disminución de los procesos fisiológicos, que se vuelve irreversible cuando la temperatura corporal llega a 24º. En la hipotermia leve, la temperatura corporal es de 32 a 37º; en la moderada es de 28 a 32º y en la grave la temperatura es inferior a 28º. La duración de la exposición y la condición física del perro influirá en su capacidad de sobrevivir. Nos encontraremos con un animal que sufre vasoconstricción, escalofríos, depresión mental, hipotensión, un lento ritmo cardiaco, depresión respiratoria, aumento de la viscosidad de la sangre y rigidez muscular sin temblor.
La manera de actuar en estos casos, hasta llegar al centro veterinario, cosa que se hace imprescindible, será calentar el cuerpo del perro con bolsas de agua caliente, especialmente en el área torácica. Nunca se debe acercar al animal a una fuente de calor excesivo, ya que se pueden provocar lesiones por quemadura.
Aunque está en fase de discusión por parte de los veterinarios, en mi experiencia personal, las patologías relacionadas con procesos crónicos degenerativos de las articulaciones (artrosis), sufren un empeoramiento en los meses fríos, por lo que puede resultar recomendable que consultéis con vuestro veterinario sobre la conveniencia de utilizar determinados medicamentos y suplementos durante estas épocas del año. Me refiero al uso de antiinflamatorios, analgésicos y condroprotectores. Es de sentido común, si es que se puede compatibilizar con la vida laboral, que los perros afectados de estas patologías deberán evitar salir a la calle en las horas tempranas de la mañana y en las últimas de la noche, que es cuando las temperaturas son más bajas.
Del mismo modo, y dado que en esta estación las lluvias son más abundantes, se hace recomendable evitar que el perro se moje y en caso de que suceda secarle muy bien (no basta con el uso de toallas) una vez que se ha llegado a casa. Otra posibilidad es el uso de los magníficos impermeables que existen en el mercado. Este tipo de enfriamientos por el agua de lluvia, pueden provocar, además del recrudecimiento de los procesos óseos anteriormente mencionados, patologías neurológicas relacionadas con la inflamación de nervios, como las polineuritis e inflamaciones de nervios tan importantes como los ciáticos o los radiales que se van a traducir en un intenso dolor que mermará la motricidad de vuestros perros y que en ocasiones cursan con fiebre.
Y por último es recomendable evitar que vuestros perros se tumben sobre suelos excesivamente fríos o con escarcha o placas de hielo, ya que esto conducirá inevitablemente a la presentación de problemas inflamatorios de las vías urinarias bajas, especialmente de cistitis.
Vuestro perro será el que una vez en el exterior os diga si tiene frío, manifestando temblores. Si es así, la mejor solución será no permanecer demasiado tiempo parado durante el paseo, llevarle a algún lugar en el que pueda correr y en casos extremos vestirle con alguna prenda que le proporcione calor.
Por lo que respecta a la alimentación no creo necesaria ninguna modificación salvo en el caso de que el perro permanezca todo el invierno en el exterior de una nave, finca o chalet (extremo que no os recomiendo), en cuyo caso sería interesante que durante los meses de frío recibiera una comida con un aporte energético alto de las que se utilizan en los perros con mucha actividad.

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